HITCHCOCK: Mas allá del suspense

Hitchcock: Mas allá del suspense

Fundación Telefónica, Madrid

5 Octubre 2016 – 5 Febrero 2017

Una exposición que retrata a Hitchcock como artista, como autor, como un creador que controla cada aspecto de sus películas. La muestra hace un recorrido por la vida de Hitchcock, sus iconos, los colaboradores que aportaron calidad a su obra, su representación de la mujer, su forma de retratar su época y sus giros de guion.

Hitchcock comenzó a dirigir películas a finales de los años 20 y durante los años 30 firmó alguna de sus películas más reconocidas, como El hombre que sabía demasiado o Los 39 escalones. En los años 50, durante su etapa americana, se le reconoció como autor con una visión propia que se imponía en todas sus obras. El respaldo de la crítica francesa y la entrevista que le hizo François Truffaut lo situaron como uno de los creadores más populares del siglo XX.

Hitchcock controló estrictamente cada detalle de su obra, pero se rodeó de colaboradores con talento y confió en ellos. El escritor Dan Aulier decía de que Hitchcock daba a sus guionistas “libertad para hacer una película de Hitchcock”. El guionista John Michael Hayes, que escribió La ventana indiscreta o El hombre que sabía demasiado, decía que trabajó bien con él por “la brillante técnica y el conocimiento de lo visual que él poseía; y el ego y la convicción”.

Otros  casos de colaboraciones fructíferas con Hitchcock fueron los títulos de crédito de Saul Bass, la dirección fotográfica de Robert Burks, el diseño de vestuario de Edith Head (ganadora de ocho Oscar), la música de Bernard Herrmann y la labor como asistente de rodaje y como guionista de Alma Reville (quien, además, fue su esposa).

Alfred Hitchcock hizo buen cine y supo conectar con el público. Su éxito comercial le dio una libertad creativa que le permitió diferenciarse del resto y mantenerse fiel su forma de entender el medio.

Lo visual y las respuestas emocionales del público tienen un peso muy importante en el cine de Hitchcock. El director creía firmemente que todo aquello que pudiera contarse con imágenes no debía contarse con palabras y siempre lo tuvo presente en sus películas. Esta idea parte del lenguaje del cine mudo anterior a 1927 y del expresionismo alemán, pero se fue olvidando con la llegada del cine sonoro. Para calibrar el ritmo de determinadas escenas, Hitchcock llegaba a dibujar diagramas con los ascensos y descensos de la acción.

El uso del detalle estuvo de moda entre los surrealistas y los fotógrafos de la nueva objetividad en los años 20, cuando él comenzó a trabajar. El director recurría constantemente a imágenes de un fuerte impacto, entre las que destacan los detalles que se hacían gigantes en pantalla.

Las mujeres ocuparon un papel protagonista en la obra de Hitchcock. El director intentó convertir a las actrices que encarnaron a sus personajes en mujeres ideales. Madeleine Carroll, Ingrid Bergman, Tippi Hedren y Grace Kelly marcaron la filmografía de Hitchcock. En el caso de Grace Kelly en La ventana indiscreta, los personajes eran retratado con respeto y con fascinación. En otros, como el de Tippi Hedren en Los Pájaros o Marnie, el personaje era humillado y maltratado. De hecho, la actriz sufrió igual que su personaje rodando muchas de las escenas de Los Pájaros.

Hitchcock fue consciente de su época y del contexto artístico y cultural que le rodeaba. A partir de los años 50, el director retrató de manera decidida los signos de la modernidad plástica y arquitectónica del momento. Hitchcock introdujo el paisaje cotidiano en el horror de Psicosis, importó la elegancia de Europa para crear personajes de la clase media triunfadora de Estados Unidos, colaboró con estrellas glamurosas y con modistos de alta costura como Dior o Balenciaga y muchos de sus protagonistas estaban relacionados con la creación artística. En la época en la que revistas como Vogue y Harper’s Bazaar combinaban la difusión artística con la cultura de masas, Hitchcock reflejó mejor que nadie esa iconografía.

A pesar de su capacidad para reflejar la época en la que vivió, Hitchcock no quería que sus películas fueran un espejo de la realidad. Sus obras están construidas sobre iconografías fastuosas para atrapar la atención del espectador. Construía trampantojos con imágenes simbólicas cargadas de apariencias y falsedades para que el espectador no tuviera pistas claras de la intención auténtica de lo que estaba viendo. Siempre confió en la sugerencia y en la eficacia de la retórica.



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